Aun cuando para muchos hombres hablar de impotencia resulta un tabú, si la dificultad para lograr una erección no es algo puntual, es imprescindible ponerse en manos de profesionales lo antes posible. No sólo porque la disfunción eréctil tiene un devastador efecto sobre la vida sexual, sino también porque este problema puede ser síntoma de otros de mayor gravedad que no hayan sido diagnosticados aún.

Es importante distinguir entre lo que a un gran número de hombres les ha sucedido alguna vez de forma aislada (el conocido como “gatillazo”) y la disfunción eréctil como enfermedad, que es cuando este tipo de dificultades para mantener una relación sexual son frecuentes y se repiten durante al menos medio año.

 

Causas de la disfunción eréctil

 

Cuando hablamos de disfunción eréctil, la edad es un factor a tener en cuenta. Aproximadamente más de un 50% de la población masculina sufrirá problemas de erección después de los 40 años, y un 25% de ellos terminarán por padecer impotencia.

Sin embargo, las causas pueden ser muchas y no se limitan únicamente a la edad. Hay factores psicológicos que influyen, el consumo de alcohol y tabaco también acelera la aparición de este tipo de problemas, y otras enfermedades como la diabetes o trastornos hormonales están estrechamente relacionadas. Incluso puede darse disfunción eréctil por medicamentos o por atrofia muscular.

 

Cómo se trata la disfunción eréctil

 

Debido a que su origen puede deberse a muy distintas causas, no hay un tratamiento estándar válido para todos los casos. Lo que sí existe es un protocolo que indica que, dentro de los posibles tratamientos que maneje el especialista, siempre ha de aplicarse en primer lugar aquél que resulte menos invasivo.

En aquellos casos en los que la impotencia tiene un origen mental, la ayuda psicológica y psiquiátrica es el tratamiento más adecuado. Si el origen es hormonal, puede aplicarse una terapia de reemplazo de testosterona, aunque lo cierto es que este tipo de casos son mucho menos frecuentes de lo que se cree.

Otros tratamientos, ya mucho más drásticos, incluyen el uso de fármacos, el empleo de aparatos de vacío o implantes, o la cirugía.

Si bien hay  bastantes casos en que la impotencia no puede evitarse, nunca está de más tratar de llevar una vida sana, con una buena alimentación, actividad física y ausencia de hábitos dañinos como el alcohol o el tabaco como medida preventiva.

 

Suplementos naturales para mejorar el rendimiento sexual.

 

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