¿Los futuros padres pueden experimentar cambios hormonales?

¿Los futuros padres pueden experimentar cambios hormonales?

Que una mujer embarazada experimente cambios hormonales durante el periodo de gestación entra dentro de lo que consideraríamos normal. Pero, ¿Lo es también que esos cambios hormonales tengan lugar en el padre?

Como poco, resulta sorprendente. Un estudio publicado por American Journal of Human Biology investigó la evolución de estos cambios en 29 parejas que iban a ser padres por primera vez, y lo hizo a lo largo de diferentes momentos: en la semana 12, en la 20, en la 28 y en la 36 del embarazo, para lo cual tomaron muestras de saliva de ambos y midieron los niveles de testosterona, estradiol, cortisol y progesterona.

El resultado de este control fue el esperado en las mujeres (un aumento en los niveles de todas las citadas hormonas) pero en el caso de los hombres, aunque los niveles en tres de esas cuatro hormonas no experimentaron cambios, sí que se mostró un significativo descenso en los niveles de testosterona.

¿A qué puede deberse estos cambios hormonales en los hombres durante el periodo de embarazo si no son ellos los que llevan en su interior una nueva vida en desarrollo?

A decir verdad, hay muy pocos estudios en este sentido, por lo que las posibles respuestas no dejan de ser meras especulaciones hasta que se haya investigado mucho más acerca de las causas. Pero ya existen algunas teorías que tratan de dar explicación a este fenómeno.

Una de ellas apunta a que estos menores niveles de testosterona reducen la agresividad en el hombre, y, en consecuencia, mejoran su capacidad para cuidar de su pareja. Otras, interpretan que es el resultado de una especie de preparación psicológica para la inminente paternidad.

En cualquier caso, para muchos especialistas los resultados del estudio no son relevantes ni se puede extraer conclusión alguna de ellos, ya que, según afirman, las condiciones del grupo de control no son las adecuadas.

Por un lado, el número de parejas sobre las que se realizó la medición era muy reducido, lo que ya de principio, imposibilita para que puedan extraerse conclusiones a nivel general. Pero, además, hay otros factores socioeconómicos que también pueden haber tenido una influencia importante.

La gran mayoría de las parejas del estudio eran de raza blanca, y tenían un nivel de educación y de ingresos bastante elevado. Como resultado de ello es de suponer que experimentaran menos estrés que otras parejas en situación menos favorable, algo que explicaría que los niveles de cortisol permanecieran inalterados.

Síntomas de la testosterona baja

Síntomas de la testosterona baja

Como se sabe, la testosterona es la hormona masculina por excelencia. Dicho de otra forma, es la hormona responsable de las características masculinas en el hombre. Sin embargo, en algunas ocasiones, debido a problemas físicos, enfermedades, medicación o simplemente debido al proceso natural de envejecimiento, los niveles de testosterona pueden disminuir, ocasionando más de un problema.

Cuando la testosterona disminuye, suele producir una serie de síntomas que son típicos o característicos de esta condición y que deberían ser tomados como un llamado de alerta para adoptar urgentes medidas al respecto con la finalidad de evitar que se genere un daño irreversible. Los principales síntomas de testosterona baja son:

  • Fatiga permanente y sensación de poca energía
  • Pérdida del vello corporal
  • Depresión
  • Disminución en la fuerza y volumen muscular
  • Fragilidad ósea
  • Disminución del volumen testicular
  • Ginecomastia (crecimiento mamario en los hombres)
  • Apnea durante el sueño
  • Irritabilidad y malhumor
  • Sudores nocturnos y sofocos
  • Pérdida de memoria

La testosterona baja puede detectarse mediante exámenes sanguíneos de laboratorio. Una vez detectado el problema, puede implementarse una terapia de sustitución hormonal. Hoy en día existen diversas alternativas además de las clásicas inyecciones, entre las cuales están los geles, implantes subdérmicos y parches.

Disfunción eréctil o impotencia

Disfunción eréctil o impotencia

Aun cuando para muchos hombres hablar de impotencia resulta un tabú, si la dificultad para lograr una erección no es algo puntual, es imprescindible ponerse en manos de profesionales lo antes posible. No sólo porque la disfunción eréctil tiene un devastador efecto sobre la vida sexual, sino también porque este problema puede ser síntoma de otros de mayor gravedad que no hayan sido diagnosticados aún.

Es importante distinguir entre lo que a un gran número de hombres les ha sucedido alguna vez de forma aislada (el conocido como “gatillazo”) y la disfunción eréctil como enfermedad, que es cuando este tipo de dificultades para mantener una relación sexual son frecuentes y se repiten durante al menos medio año.

 

Causas de la disfunción eréctil

 

Cuando hablamos de disfunción eréctil, la edad es un factor a tener en cuenta. Aproximadamente más de un 50% de la población masculina sufrirá problemas de erección después de los 40 años, y un 25% de ellos terminarán por padecer impotencia.

Sin embargo, las causas pueden ser muchas y no se limitan únicamente a la edad. Hay factores psicológicos que influyen, el consumo de alcohol y tabaco también acelera la aparición de este tipo de problemas, y otras enfermedades como la diabetes o trastornos hormonales están estrechamente relacionadas. Incluso puede darse disfunción eréctil por medicamentos o por atrofia muscular.

 

Cómo se trata la disfunción eréctil

 

Debido a que su origen puede deberse a muy distintas causas, no hay un tratamiento estándar válido para todos los casos. Lo que sí existe es un protocolo que indica que, dentro de los posibles tratamientos que maneje el especialista, siempre ha de aplicarse en primer lugar aquél que resulte menos invasivo.

En aquellos casos en los que la impotencia tiene un origen mental, la ayuda psicológica y psiquiátrica es el tratamiento más adecuado. Si el origen es hormonal, puede aplicarse una terapia de reemplazo de testosterona, aunque lo cierto es que este tipo de casos son mucho menos frecuentes de lo que se cree.

Otros tratamientos, ya mucho más drásticos, incluyen el uso de fármacos, el empleo de aparatos de vacío o implantes, o la cirugía.

Si bien hay  bastantes casos en que la impotencia no puede evitarse, nunca está de más tratar de llevar una vida sana, con una buena alimentación, actividad física y ausencia de hábitos dañinos como el alcohol o el tabaco como medida preventiva.

 

Suplementos naturales para mejorar el rendimiento sexual.

 

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